Uno anda dando tumbos por la vida, y súbitamente descubre que hay un camino que le interesa seguir. A algunos les gustan los trabajos fuera de una oficina y otros prefieren la seguridad de las cuatro paredes en un edificio. Para algunos los números son lo peor, y otros se deleitan con la belleza escondida en ellos.
En el día de ayer, en una charla de café salió un tema interesante relacionado con lo que uno decide como su carrera y hoy, a más de 20 días de la última entrada y al parecer con el tema de la entrada a Blogger solucionado, me gustaría proponer el tema de la vocación. Por qué elegimos estudiar lo que estudiamos o más en profundidad ser quien somos.
Comencemos por casa, de muy chico me interesaba la ciencia y cuando me preguntaban que iba a ser cuando fuese grande, la respuesta salía sin dudas: Científico. En la escuela secundaria (media) estudié química, pero los primeros cruces con la química orgánica me hicieron ver que eso no era para mí, así que en la universidad me fui por la rama de la física y realmente nunca dudé por inclinarme hacia otra cosa.
La física me interesa, en gran medida, por la comprensión que puedo tener de lo que me rodea y más que la cuenta me interesa entender las ideas involucradas en un problema concreto, a tal punto que pienso que la física no es la colección de ecuaciones como nos la presentan, sino que se ocupa de las relaciones existentes entre la causa y el efecto, que por imposibilidad nuestra la tenemos que expresar de manera matemática, pero que estoy seguro que cuando aprendamos suficiente del tema las matemáticas serán innecesarias.
Hago este discurso, pues entiendo que la vocación se representa en una carrera (o decisión de vida), pero que en realidad es otra cosa. La carrera nos ayuda a tratar saciar un deseo oculto que tal vez no conocemos, pero luchamos por encontrar.
¿Qué te parece?
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